A los 92 años murió el acordeonista Pinocho Silva, el “Monarca del chamamé”
Tocó con Isaco Abitbol, los Hermanos Sena, Ernesto Montiel y Raúl Barboza padre. Blas Martínez Riera le dedicó una obra; viajaba en tren con Julio Sosa y compartía ratos libres con Leo Dan en Buenos Aires. Así era la vida de Pinocho Silva, el acordeonista y compositor misionero apodado como el Monarca del Chamamé que murió hoy a los 92 años.
Nació el 25 de agosto de 1932 en Bonpland y tenía de apodo Pinocho porque su padre, Ramón, era carpintero, luthier y músico. Aunque Pinocho aprendió el chamamé a las escondidas de su padre porque para él “era cosa de indios”.
Tenía doce años por entonces y con esa misma edad se escapó a Corrientes para hacerse de aventuras. Aunque muchas de las aventuras las consiguió en Buenos Aires, donde se dedicó a la carnicería y a la música.
Se hizo muy amigo de los famosos bailarines Norma Viola y Chúcaro Ayala; frecuentó como músico lugares emblemáticos, como la confitería Olmos y abrió una pista de baile en Burzaco, antes de regresar a Posadas, en 1967. Vivió hasta sus últimos días en el barrio San Lucas, donde además tenía un desarmadero y solía reunirse a musiquear con los amigos que caían a visitarlo.
Pinocho había perdido la falange de un dedo en un accidente aunque no significó un impedimento para darle a las teclas como el Monarca del Chamamé que fue. Tal fue su trascendencia que, en 2018, recibió una distinción a la trayectoria en el Festival Nacional de la Música del Litoral.
Blas Martínez Riera y Tilo Escobar inmortalizaron su nombre en la canción Pinocho Silva que se encuentra en el álbum "Jamás te podré olvidar" (1975). “Sos del chamamé un gaucho con tu acordeón”, recita Blasito en honor a Pinocho.
Es que su talento era famoso en los tiempos que el folclore había conquistado los escenarios porteños, aunque ninguna de las grabaciones originales de Pinocho se pudieron rescatar de un incendio que sufrió la oficina de Sadaic.