Posadas renovó la devoción por Andrés Calamaro en un anfiteatro colmado
Para una faena de casi dos horas de un concierto histórico, Andrés Calamaro arrancó su gira argentina "Agenda 1999 Tour" en el anfiteatro Manuel Antonio Ramírez repleto de espectadores.
Con “Los chicos”, dio su estocada final para uno de los episodios más soberbios de la noche, solo comparado con el momento en el que cantó “Alta Suciedad”, y tal vez para el inicio, que enganchó el riff de “Kashmir” -de Led Zeppelin-con “El día de la mujer mundial”.
A las 21.10 se apagaron las luces y El Salmón salió a escena con la guitarra colgada y su banda secundándolo para, casi sin respiro, hacer versiones de “Cuando te conocí”, “Los ojos”, “Cuando no estás” y “Te quiero igual”, instante en el que se sintió al toro tomado por las astas, es decir con el público totalmente seducido, siguiéndolo a coro en la letra.
Para “Los aviones”, Calamaro soltó del teclado y las cuerdas para verse más de cerca con el público, bailar timidamente e incluso mirar sin los anteojos ray-ban por un pequeño lapso, para luego quitarse la camisa lila y jugar a ser el torero de unas cornadas invisibles.
Sin ninguna gran proeza vocal en toda la noche, disparó que “no es fácil cantar estas canciones”, tal vez por la técnica pero también probablemente por el origen de aquellas canciones que publicó hace 25 años atrás, en medio de un vendaval de emociones, pero también en tiempos que lo conectaron definitivamente con el firmamento del rock vernáculo como uno de los más grandes letristas y de los más prolíficos, ya que “Honestidad Brutal” cuenta con una selección de 37 canciones de unas cien que había reunido El Salmón- cuando aún no era conocido con ese sobrenombre-.
Tras un guiño a The Police con un fragmento de “The walking on the moon”, el público se reactivó con “La Parte de adelante” y siguió con atención a su himno porteño “No tan Buenos Aires” que cada día suena mejor. Y si el lugar fuera una plaza de los toros, las flores se hubieran arrojado en el justo momento que cantó “Algún lugar encontraré”, “Cuando no estás” y “Crímenes perfectos”, seguido por la cumbia “Tuyo siempre”, con Calamaro entretenido agitando las maracas.
Como para encuadrar el momento de la hazaña, pasada la hora y veinte minutos, llegó a la lista pegada en el suelo la infaltable “Flaca”, con las miles de personas del anfiteatro sin perder una línea de cada párrafo. Con “Paloma”, en tanto, parecía que el telón había bajado definitivamente, pero la banda regresó para cantar como un golazo el mundialista “Estadio azteca”, y el tan eficiente “Los chicos” que agitó a la gente a salvo en las gradas, como si esos toros imaginarios acabaran su estampida de casi dos horas en su corral.
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