Tavo Kupinski, el músico de Los Piojos que amaba Candelaria
La vuelta de Los Piojos programada para diciembre y para la cual ya comenzó la venta de entradas tendrá dos sentidas ausencias. Una de ellas es la del bajista Micky Rodríguez, quien no será parte de ese esperado regreso, según polemizó con los demás integrantes de Los Piojos a través de las redes sociales.
Sin embargo, la ausencia irremediable será la de Gustavo Tavo Kupinski, el guitarrista fundador de la banda que hubiera cumplido 50 años el 18 de enero pasado, de no ser por el fatal accidente de tránsito que apagó su vida, la de su pareja y una de sus hijas en el verano del 2011.
La ausencia que duele
“Volveremos a compartir un escenario Ciro, Piti, Dani, Roger, Chucky, y el Chango. Más Juan Ábalos, quien se probó en 2008 y no quedó por un tema de agenda. Tavo (Kupinski, fallecido en enero de 2011) estará presente, no solo en la música y nuestros corazones, sino en el acompañamiento de su hija Lara”, dice el comunicado de Los Piojos que se publicó para responder a Micky, quien dijo que se enteró del regreso de la popular banda a través de las redes sociales, algo que fue desmentido por los demás miembros.
Micky participó de todas las reuniones, contestó luego Daniel Piti Fernández, guitarrista fundador de Los Piojos y cantante de La Franela. Lara, a quien nombran en el comunicado, tiene hoy 17 años, y es la única sobreviviente de la familia Kupinksi. Por milagro solo se había roto el brazo en aquel accidente. Su hermanita menor, Blanca, que tenía dos años, no pudo salir de la terapia intensiva.
Tavo y su familia no tenían puesto el cinturón de seguridad cuando volcaron al costado de la ruta provincial 63, en la localidad bonaerense de Dolores, camino a la costa Atlántica. Flavia Cuellar, la pareja del músico, también había perdido la vida en aquel accidente a sus 27 años.
Flavia era el vínculo con el que Tavo se conectó para siempre con la localidad de Candelaria. Para el guitarrista de Los Piojos, la antigua capital misionera era lo que significaba las sierras cordobesas para Luca Prodan, es decir, un lugar de descanso, de cable a tierra y desconexión. De esa manera, pasó algunas vacaciones de invierno y varios veranos bajo la sombra de los árboles misioneros, adonde venía a visitar a sus suegros, los padres de Flavia, quienes se habían radicado primero. “Tiene una energía muy linda, una tranquilidad increíble”, decía por la vieja capital de los 30 pueblos jesuíticos.