De empleada doméstica a jugar en Europa y ser la capitana de la selección
La cordobesa dejó la UAI Urquiza, equipo con el que fue campeón del último torneo local, y se fue al Sporting de Huelva de España, país en el que la Liga es profesional. Habló sobre su sueño de jugar un Mundial, del machismo en el deporte y de la gran deuda de la AFA y de los clubes nacionales con el fútbol femenino.
Hasta hace un mes, Florencia Bonsegundo se levantaba a las siete de la mañana para ir a trabajar en el local de ropa deportiva del Club UAI Urquiza. Esa tarea significaba una mejora respecto de su anterior actividad en el servicio de limpieza domestica. Cuando terminaba su horario laboral, almorzaba en el comedor de la institución y se preparaba para ir a entrenar. Algunos días lo hacía con el equipo de fútbol femenino del club y otros con la selección argentina, en la cual ejerce el rol de capitana desde este año.
Difícil es pensar que un futbolista varón pueda tener este tipo de rutina. Sin embargo, entre las mujeres, es la norma: en la Argentina, la disciplina es amateur y hasta las figuras más destacadas deben combinar el deporte con trabajos que les permitan solventar sus gastos. La mayoría, además, realiza al mismo tiempo estudios secundarios, terciarios o universitarios.
Pero la vida de Bonsegundo dio un giro de 180° en los últimos días. Tras coronarse campeona del torneo de Primera División de AFA con la UAI Urquiza, decidió dejar el club y aceptar la propuesta de Sporting de Huelva, que juega en la Liga de España. El club ibérico la había visto jugar con la selección argentina en la Copa América de Chile de este año y no dudó en hacerle una oferta a través de su representante. Así la mediocampista encontró la gran oportunidad de competir por primera vez en su carrera en un torneo profesional.
Atrás quedaron esas jornadas extenuantes repartidas entre el trabajo y el fútbol. Hoy, la capitana de la Selección tiene la posibilidad de dedicarse 100% al deporte que ama: por la mañana va al gimnasio y en las tardes entrena con su equipo. De esta manera, le queda tiempo libre para dedicarse a otras cuestiones que también la apasionan o, incluso, para descansar adecuadamente y no sobreexigirse.
"Hoy puedo decir que mi único trabajo, y el que verdaderamente me importa, es el fútbol. Todo lo que hice en años anteriores fue para esto. No me arrepiento de nada de lo que hice. Hoy soy lo que soy y estoy donde quiero gracias a tanto sacrificio", dijo Bonsegundo a Infobae desde España, a donde viajó sola para comenzar esta nueva etapa de su vida.
A pesar de que no podía vivir del deporte, las condiciones en la UAI Urquiza -un club modelo en cuanto al valor que otorga al fútbol femenino- eran bastante amigables para la cordobesa. Durante los cinco años que jugó ahí, le dieron un departamento, cobertura médica, trabajo, comida, viáticos y una beca completa para estudiar en la universidad. Además, le proveían la indumentaria y transportes para ir a entrenar. Los horarios de las prácticas eran acordes y se adaptaban a las actividades de las integrantes del plantel.
"Cuesta creer como en Argentina se sigue mirando mal el hecho de que una mujer juegue al fútbol. Estoy en España hace un mes y acá te das cuenta de que tienen otra visión: es simplemente un deporte en el que el género no importa. Nosotros estamos lejos como sociedad. Los clubes y los dirigentes no apuestan por el fútbol femenino ni por el crecimiento del deporte, lo ven como una gran pérdida de tiempo y de dinero. Nos estamos quedando en el tiempo y los demás no están ganando no solo en lo deportivo, sino también como sociedad", reflexionó.