Hace 95 años, un ciclón dejaba destrucción y muerte en Encarnación
El remolino se formó sobre el río Paraná, a unos 200 metros de la costa paraguaya. Dos corrientes de viento huracanado de más de 250 km/h acompañados de fuerte chaparrones y descargas eléctricas se encontraron justo frente a la ciudad. Era el domingo 26 de septiembre de 1926.
Nadie lo vio venir. Encarnación se preparaba para cerrar una jornada húmeda y calurosa. Faltaban quince minutos para las ocho de la noche, y desde el sur, el ciclón incubaba su furia en la oscuridad.
El tornado entró por el muelle, construido apenas ocho años antes. Lo destruyó en cuestión de segundos.
Según el relato de sobrevivientes, el mortal remolino siguió después hacia la usina eléctrica, que redujo a escombros.
Las estimaciones señalan que el fenómeno meteorológico arrasó todo a su paso en un perímetro de 350 metros a la redonda, y continuó hacia la Zona Alta de la ciudad, donde también dejó su marca.
Unas 400 personas perdieron la vida y otras tantas resultaron heridas por el temporal.
Por su fuerza destructiva, los expertos lo ubican en la categoría EF4, de la escala Fujita-Pearson, diseñada para medir y clasificar los tornados.
Las fotografías que pueden encontrarse hoy en Internet, algunas de la cuales acompañan esta nota, muestran el alcance de la destrucción y constituyen todo un testimonio del horror.
Posadas respondió a la tragedia
Mientras Encarnación vivía su apocalipsis, en Posadas la ciudad se preparaba para recibir la primavera y los estudiantes hacían la previa de su día en clubes y bares.
“El suscripto, que era alumno de quinto año del Colegio Nacional, estaba reunido con sus compañeros en el antiguo café Tokio, sentados alrededor de mesas, tomando aperitivos y charlando animadamente, cuando llegó a nuestro conocimiento que la vecina ciudad de Encarnación había sido azotada por un vendaval que ocasionó destrozos tremendos”, relata Joaquín Alcaraz en su libro “Casos de Misiones de ayer y otros puntos en mí recuerdo”, de 1984.
Tras la noticia, la fiesta fue reemplazada enseguida por la organización de la ayuda para la hermana golpeada por la tragedia.
Apenas el viento y la lluvia cedieron, Jorge Memmel, un inmigrante alemán,marinero intrépido, maquinista y baqueano en el Alto Paraná, cruzó el río hacia Posadas para pedir auxilio, junto al sacerdote José Kreusser.
“Los posadeños trajeron todo, llegaron esa misma noche los médicos, enfermeros, policías con agua y comida y siguieron ayudando después”, contó en una entrevista Menardo Ayala Palacios, uno de los sobrevivientes, niño en aquella época.