La batalla que marcó una guerra sangrienta contra el Paraguay
A unos 350 kilómetros de Posadas, en territorio del actual Departamento de Ñeembucú, en Paraguay, se encontraba el Fuerte de Curupayty, donde el 22 de septiembre de 1866 se libró la batalla más sangrienta de la Guerra de la Triple Alianza, hace 155 años.
La guerra, declarada en 1865, llevaba más de un año cuando tuvo lugar la batalla de Curupayty, unos cinco kilómetros al sur de otra fortaleza célebre: Humaitá, en el margen izquierdo del río Paraguay, muy cerca del puerto de la localidad de Las Palmas, en la provincia del Chaco.
Los restos de la iglesia San Carlos de Borromeo, en Humaita, son el testimonio más palpable de aquellos días primaverales de plomo y muerte en ese tramo de río, sembrado de islas, hoy promocionadas como destino turístico.
Del Fuerte de Curupayty sobreviven las trincheras, desdibujadas ya por el tiempo, donde 5.000 paraguayos con 50 cañones, al mando del general José Eduvigis Díaz, derrotaron una fuerza aliada descomunal: 28 cuerpos, reforzados por 15 batallones argentinos y nueve cuerpos brasileños de la reserva, que hacían un total de 17.000 hombres.
La sombra del general
El ataque resultó una catástrofe. Los aliados perdieron más de la mitad de sus fuerzas bajo el fuego de la artillería paraguaya que no había sido neutralizada por el bombardeo brasileño. El suelo húmedo, fangoso, por las lluvias de los días anteriores, pronto se convirtió en una trampa mortal. El campo quedó regado de cadáveres.
La batalla se saldó con un balance abismal: 10.000 bajas aliadas, contra 92 paraguayos muertos.
Fue la primera, única y última operación que dirigiría el general Bartolomé Mitre, cuyo desenlace terminó minando su prestigio militar e influencia en el resto de las acciones bélicas, conducidas de ahí en más por los brasileños.
Al cabo de la derrota, Mitre no era ni la sombra del general que apenas estallado el conflicto declaraba exultante: “En 24 horas en los cuarteles, en 15 días en campaña, en tres meses en Asunción”. La guerra duraría cinco años.
La proporción del exterminio
Curupayty acrecentó el carácter impopular de la guerra, provocando incluso levantamientos en algunas provincias y la retirada de tropas del frente.
Intelectuales como Juan Bautista Alberdi, José Hernández y Guido Spano, apoyaban públicamente la causa paraguaya.
Alberdi la bautizó “Guerra de la Triple Infamia”. “Si es verdad que la civilización de este siglo tiene por emblemas las líneas de navegación por vapor, los telégrafos eléctricos, las fundiciones de metales, los astilleros y arsenales, los ferrocarriles , etc., los nuevos misioneros de civilización salidos de Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, San Juan, etc., etc., no sólo no tienen en su hogar esas piezas de civilización para llevar al Paraguay, sino que irían a conocerlas de vista por primera vez en su vida en el ‘país salvaje’ de su cruzada civilizadora”, escribió el político argentino.