Encarnaceno llenó de chipas a la zona más top de la Costa Atlántica Argentina
El mar, con la olas que están muy activas, levanta cortinas de sal en el aire y la gente, pese a que la temperatura ya baja al llegar marzo y aproximarse el otoño, sigue merodeando la playa en la Costa Atlántica argentina.
PINAMAR. Los vendedores de alimentos alargan también su estadía: ofrecen choclo, churros rellenos con dulces y, aunque parezca increíble, chipa “elaborado por paraguayos”.
Melanio Bautista Benítez González (25), el paraguayo oriundo de Encarnación que elabora y vende chipa en las playas argentinas, de alguna forma ambos viven del mar.
Melanio recorre diariamente en la temporada veraniega, posiblemente, unos 30 km/día o más, haciendo el trayecto de ida y vuelta con su canasta chipera (un ajaka de respetables dimensiones) por las amplias playas de Pinamar, Ostende, Valeria del Mar y Cariló. “Son a 60 pesos cada una y dos por 100 pesos (G. 15.000, aproximadamente, al cambio actual)”, informa cuando se le pregunta por el precio. Sus chipas son del tamaño del tipo “argolla”, que se venden por aquí a G. 5.000. El sabor no dista mucho tampoco de las elaboradas por aquí, en Barrero o Caacupé; mantiene su esencia de almidón, huevo y queso, aunque es algo diferente, quizá por el origen de los ingredientes y el tipo de queso que utilizan en la Costa Atlántica argentina.
Melanio lleva el ajaka sobre la cabeza y no lo baja ni siquiera para conversar; mientras habla, sigue con el equilibrio de su mercancía y se emociona un poco al contar que vino hace unos seis años desde la capital del Itapúa, en principio, para buscar a su padre, a quien no lo veía desde muy niño, desde antes de ir a la escuela, y como había pasado tanto tiempo y el progenitor no daba señales, se aventuró a buscarlo y lo encontró.
“Mi padre reside en Mar de Ajó (a unos 55 km al norte de Pinamar, también sobre el mar), pero luego decidí venir aquí y, en principio, trabajaba con otra persona, pero ahora yo mismo elaboro mis chipás”, cuenta mientras muestra su remera, en la que se puede ver las banderas de Argentina y Paraguay, la imagen de san Miguel y una aclaración: “Elaboración, por paraguayos”.
Para recordar su nombre, argumenta, no hay más que recurrir al del monseñor Mario Melanio Medina, quien por mucho tiempo tuvo su sede episcopal en San Juan Bautista, Misiones. Y para los apellidos, los dos más numerosos del Paraguay: González Benítez.
Variada clientela
Melanio vende a cada paso; por un lado, a unas damas echadas en la arena y, por allá, a un grupo familiar y otros que se disponen a tomar el mate. Tiene bastante clientela por lo observado, dice que no se puede quejar, su producto tiene buena aceptación y puede vivir dignamente todo el año en esa localidad turística, que ya tiene buena cantidad de habitantes, incluso fuera del verano.
A propósito de la chipa en Pinamar, en internet se puede encontrar un comentario que data de principios de enero del 2016: “La venta ambulante se reinventa (o importa hábitos de otros países). En Pinamar, ahora, la chipa compite con los churros”. Quién sabe si no hablaba de los productos de Melanio Bautista Benítez González.