Recorre Misiones haciendo trabajo humanitario y necesita reparar su vehículo
Julio Manuel Pereyra es un profesor con autismo que hace años recorre localidades y aldeas de Misiones realizando un trabajo de ayuda humanitaria para niños con y sin discapacidad a través de su iniciativa Escuela Ambulante Caminos de Tiza.
El profesional volcó en su cuenta de Facebook un llamado a la solidaridad para que la escuelita siga funcionando: "Debemos reparar urgente nuestro vehículo o conseguir la donación de uno nuevo".
Fue entonces cuando el profesor lanzó la noticia que podría dejar a muchos niños sin el acompañamiento que le brinda, trabajo por el cual es reconocido internacionalmente: "Tenemos la mala suerte de que el que nos han prestado -en referencia a un auto- también haya sufrido percances. De no conseguir a breve plazo un motor o un vehículo nuevo, Caminos de Tiza dejará de existir.
En esa línea, Pereyra sostuvo que no tiene fondos para afrontar los arreglos de ambos vehículos descompuestos y, en su posteo, transmitió el sentimiento que le genera no poder continuar con su labor: "Acabo de pasar el punto de frustración máximo de un Autista y pasar Navidad en una estación de servicio ya es algo que no puedo tolerar".
Asimismo, contó que hace más de ocho años está expuesto a "enfermedades, calor, mosquitos, serpientes, incluso recibiendo amenazas de muerte, sin importarme tormentas, caminos o que me sacaran a tractor o caballo de las colonias".
Y continuó: "Toqué mil puertas, mandé mil mails, notas, pedidos, súplicas y quienes más recursos tienen y menos problemas poseen para ayudar, se llamaron al silencio o nos ignoran. Recibiendo sí ayuda de gente que hace mil esfuerzos para ayudarnos y tenemos que estar molestando todo el tiempo".
Además, el profesor detalló que durante todos estos años en los que hace de todo para ayudar a "los gurises", como los llama, cambió ruedas en el asfalto bajo un sol radiante y unos 35 grados, caminó kilómetros para tener señal y pedir auxilio tras quedarse varado en alguna colonia y "estar todo el tiempo pendiente de roturas, cubiertas; conseguir combustible para llegar a casa genera estrés y cansancio".
Al concluir su publicación, Pereyra contó lo que le genera no poder cumplir con las promesas que le hace a sus peques: "Perdón, sé que a casi nadie debe importarle, pero bueno, le prometí a niños que íbamos a hacer juegos, deporte y una vez más no puedo cumplir. Ya no sé qué hacer. Estoy llorando".