Cuidado con los mediocres
Por: Roque Gervasoni
Alguna vez leí por ahí que las convicciones son creencias firmes que determinan la forma en que vivimos y actuamos, son la base de nuestra identidad y nos dan una dirección sólida.
Pienso, cada día, en lo que viene pasando en la política Misionera. Los garrochazos a cara descubierta de la UCR, porque de verdad, escuchar hablar al ex presidente del partido radical en Misiones, de la decisión de fortalecer el proyecto de Javier Milei, que viene haciendo un gobierno excelente, es una actitud de cinismo explícito.
Resistir la tentación del dinero no es para cualquiera, pero qué le podemos cuestionar a Don Rodrigo de Arrechea, si está en su ADN. El 17 de septiembre de 1987 “Cacho” Barrios Arrechea renunciaba a su cargo de gobernador para asumir como ministro de Salud de la Nación, tentado por las luces de Buenos Aires. Después, su hijo “Nacho” Barrios Arrechea, en el año 2022, también renunciaba a su cargo en Yacyretá, tras una serie de denuncias de traición al partido gobernante por la adjudicación de obras a las empresas de Mauricio Macri.
Los garrochazos del Frente de Todos al Pro y de Misiones a Buenos Aires no faltaron. ¿Dónde quedan las palabras, las convicciones? Escuchamos a Don Rodrigo hablar de una oposición que de vida a la UCR. Treinta denarios alcanzaron para traicionar sus principios.
Los mediocres pretenden adueñarse de la política en Misiones y van a utilizar todas sus cartas, traicionando, negando, instalando la post verdad. Como explica tan bien José Ingeniero en El Hombre Mediocre, creo que estamos atravesando un tiempo donde prima la vileza y la mediocridad.
“En ciertos períodos la nación se duerme dentro del país. El organismo vegeta; el espíritu se amodorra. Los apetitos acosan a los ideales, tornándose dominadores y agresivos. No hay astros en el horizonte ni oriflamas en los campanarios. Ningún clamor de pueblo se percibe; no resuena el eco de grandes voces animadoras. Todos se apiñan en torno de los manteles oficiales para alcanzar alguna migaja de la merienda”. (José Ingenieros)