El Nudo de Corpus y el Mandato del Agua
Qué quieren que les diga, cada vez que alguien me habla de crecimiento exponencial, proyectos de prefactibilidad y planes para minimizar el impacto ambiental, pienso que la devastación está cerca. No es que esté en contra del progreso, tal vez sea un acto reflejo de la memoria histórica. Esa sensación me dio cuando leí en estos días en LVM un artículo titulado: A 30 años del NO a Corpus, vuelven a plantear el debate por la represa.
La veía venir, así son las cosas. El artículo en cuestión da cuenta de un evento que se realizó en el Hotel Julio César, donde bajo el ropaje de la “actualización tecnológica”, pretenden convencernos de que ha caducado aquel mandato de 1996 en el que el pueblo misionero, con un 88% de contundencia, le dijo que no a la represa de Corpus. Organizado por la Cámara Argentina de la Construcción, la presentación de un representante de la Comisión Mixta del Río Paraná (COMIP) volvió a poner sobre la mesa un tema que muchos considerábamos laudado por la historia.
El escenario enseña que la firmeza no está en la arrogancia del que construye, sino en la resistencia de lo que permanece. Séneca nos advertía que ningún viento es favorable para quien no sabe a qué puerto se dirige. Misiones ya dijo perfectamente cuál es su puerto desde hace tres décadas. Sin embargo, los lobistas del proyecto –entre empresas constructoras y representantes de los cárteles creados en torno a la histórica corrupción que envuelve a las binacionales– parecen decididos a soplar en dirección contraria, desempolvando variantes como la de Pindo-í, como si un cambio de ubicación borrara la huella moral de un plebiscito fundacional.
Miren, tuve que leer el artículo dos veces porque parecía un chiste. En resumidas cuentas, la estrategia de los lobistas del proyecto es conocida: se visten de pragmatismo. Hablan de “menor impacto ambiental”, de un embalse “más angosto” que el de Yacyretá y de la necesidad de energía en un mercado que ha cambiado radicalmente. Palabras más o menos, así lo dijo José Antonio López, delegado argentino de la COMIP.
También sostuvo, con una frialdad técnica que asusta, que tienen “estudiados hasta los tornillos”, pero admite con asombrosa ligereza que no saben qué quieren los misioneros. No es un chiste, lean el artículo y no tengo por qué dudar de la colega que lo escribió.