Misiones en la ruta de las valijas de Adorni, el green de las conveniencias
La credibilidad es un activo que se construye con paciencia, pero se evapora en un instante. El gobierno de Javier Milei, apuntalado sobre la promesa de exterminar los privilegios de la casta política, se esmera en demoler sus propias fronteras morales. El escándalo que envuelve a Manuel Adorni es el más vistoso de los casos que tiene la gestión libertaria en la Justicia; al menos media docena de los más conocidos. El jefe de Gabinete es investigado por dos fiscales federales y uno de ellos sigue una pista que llega hasta Misiones.
Gerardo Pollicita lo tiene en la mira por presunto enriquecimiento ilícito y omisión maliciosa, en principio. En ese caso quedó expuesto tras la demorada presentación de una declaración jurada que exhibe un patrimonio superior al medio millón de dólares, “ahorros en negro” justificados mediante oportunas ganancias en criptomonedas y remodelaciones suntuosas en el country Indio Cuá, abonadas íntegramente en efectivo y sin el respaldo de facturas formales.
Su justificación patrimonial fue calificada como “grave” por la extitular de la UIF, Alicia López, quien advirtió que la maniobra podría configurar el delito de lavado de activos, en coincidencia con otros especialistas. Hablamos de alguien que hasta hace unos diez años buscaba que se lo tuviera en cuenta para escribir columnas o estar de panelista. El relato de la austeridad oficial cruje bajo el peso de los documentos, en este caso declaraciones juradas.
El otro fiscal es Ramiro González; puntualmente investiga si desde la Jefatura de Gabinete se cobraban retornos ilegales a empresarios para habilitarles audiencias con ministros del Poder Ejecutivo: tráfico de influencias, coacción de testigos y lavado. La denuncia penal, presentada por la diputada nacional Marcela Pagano, podría llegar hasta el exclusivo country Agua Vista, en la orilla vecina de Encarnación, donde políticos y empresarios de Misiones hacen negocios mientras juegan al golf.
En los tribunales federales de Comodoro Py, Pagano señaló a Adorni como presunto receptor de retornos ilegales de empresarios y apuntó directo contra el secretario de Comunicación y Prensa de la Nación, Javier Lanari, acusándolo de operar como el encargado de trasladar esos fondos. Según la legisladora, “para reunirte con Adorni tenías que poner plata. Lanari es el que llevaba los bolsos, iba y venía recolectándola... es el bolsero de Adorni”.
Frente a la docilidad y el ocultamiento, la respuesta política exige firmeza. La transparencia no admite grises ni fronteras protectoras: o se abren los cofres de la Fiscalía de Estado para el escrutinio de la sociedad, o se perpetúa el mecanismo que transforma al poder en un club privado de privilegios cruzados.