Nación: la motosierra que corta en dirección selectiva
Por: Carlos A. Scotto
¿Puede algún referente libertario de Misiones explicar cuáles fueron los criterios técnicos que motivaron el desplazamiento de funcionarios y agentes en distintos organismos nacionales con asiento en la provincia? ¿Qué evaluación de desempeño o qué plan de mejora justificó esas decisiones?
En las últimas semanas, y coincidiendo llamativamente con el período de receso, se registraron cambios en estructuras clave del Estado Nacional en Misiones: PAMI (INSSJP), Migraciones, Aduana, entre otros. El patrón parece repetirse: trabajadores con trayectoria y experiencia son desplazados de funciones jerárquicas, mientras se designa en su lugar a referentes o militantes libertarios.
El debate no es ideológico; es institucional. El Estado puede -y debe- mejorar su eficiencia. Pero la profesionalización no se logra sustituyendo experiencia por pertenencia política. En el ámbito laboral existe el ius variandi, la facultad del empleador de introducir modificaciones en las condiciones de trabajo. Sin embargo, esta potestad tiene límites claros: no puede implicar degradación, pérdida de funciones, afectación salarial ni perjuicio moral. Los cambios deben responder a necesidades funcionales objetivas, ser razonables y no arbitrarios.
Cuando se alteran carreras administrativas consolidadas sin fundamentos transparentes, no solo se afecta a trabajadores protegidos por convenios colectivos, sino que se debilita la institucionalidad. La promesa de eliminar privilegios y "terminar con la casta" pierde consistencia si las designaciones se basan en afinidad partidaria antes que en idoneidad técnica.
El caso del PAMI en Misiones, donde fueron removidos jefes y jefas de agencias en varias localidades, funciona como ejemplo visible de una práctica más amplia. La pregunta de fondo es otra: ¿cuál es el modelo de gestión que se está construyendo? ¿Uno basado en estabilidad, profesionalismo y continuidad técnica, o uno marcado por la rotación política permanente?
La eficiencia estatal no se declama: se construye con equipos capacitados, reglas previsibles y respeto por la carrera administrativa. De lo contrario, el discurso de transformación corre el riesgo de convertirse en una reedición de aquello que se prometió superar. Cambiar personas no siempre significa cambiar prácticas. Y el desafío de gobernar es, precisamente, demostrar lo contrario. En fin... más de lo mismo, cambiar para no cambiar nada...