Organizaciones políticas y de derechos humanos marcharon por el Día de la Memoria
Decenas de manifestantes de organizaciones políticas, sociales, sindicales, marcharon este jueves en Posadas, en el Día de la Memoria, Verdad y Justicia, a 46 años del golpe militar del 24 de marzo de 1976, que instauró la dictadura más sangrienta que conoció el país.
La convocatoria congregó a víctimas de la dictadura, como Graciela Franzen; familiares de detenidos desaparecidos, y miembros de organizaciones como la Agrupación de Mujeres Valientes, del Movimiento Evita; Movimiento Territorial de Liberación (MTL), Tierra, Techo y Trabajo; la Federación Juvenil Comunista (FJC) y el Partido Comunista Revolucionario (PCR), entre otras.
La columna alcanzó por momentos los 150 metros a lo largo del recorrido que arrancó sobre la calle Buenos Aires, donde funcionó el Departamento de Investigaciones de la Policía provincial, que por aquellos años, entre 1976 hasta casi el final de la dictadura, fungió de Centro Clandestino de Detención (CCD), y destino de muchos presos políticos de la época, que conocieron el horror a manos de personajes como los subcomisarios Ríos y Silvero; y Molinas, que “era un jodido”, según dijo una vez el mismo Ríos, sin un ápice de arrepentimiento, diezmado por la diabetes en su casa de la calle Suiza.
“Son 30.000, la deuda es con ellos y con el pueblo”, se lee en la enorme bandera que va a la cabeza de la marcha; “no con el FMI”, grita una voz por los altavoces que van en una camioneta, adelante.
Arriba, como flotando, las pancartas con las siluetas de los que faltan los traen de vuelta con nombres y apellidos: Pedro Peczak, Mirta Elida Villanueva Illescas de Paniagua, Rubens Vera Ledesma, Héctor Oscar Palacios, Anselmo Hippler, José del Rosario González, Luis Arturo Franzen, Cástulo Vera Báez, Ramón Ángel Díaz, Dora Luis Yoris, la lista se pierde entre la columna que avanza; todos siguen desaparecidos.
Una chica lleva un cartel que pregunta por Julio López, el último desaparecido de la dictadura, ya en la democracia cuando testimoniaba contra el comisario Miguel Osvaldo Etchecolatz, represor sanguinario, condenado a 9 cadenas perpetuas. "Es un asesino serial, no tenía compasión", había dicho López el 28 de junio de 2006, en el Tribunal Oral Federal de La Plata.
Militante peronista y albañil, López conoció en carne propia los años de plomo, y sobrevivió, hasta tres meses después de aquel testimonio, el 18 de septiembre de 2006, en que fue secuestrado y desapareció.
“Presente, ahora y siempre”, corea la multitud.
La marcha avanza por Tucumán, y pasa por la Jefatura de la Policía de Misiones y la Facultad de Humanidades, de la Universidad Nacional de Misiones (Unam), que tiene también sus propio rosario de víctimas; sigue por Ayacucho y se detiene frente a la Delegación de la Policía Federal Argentina (PFA), que ostenta el vergonzoso recuerdo de haber sido otro calabozo del terrorismo de Estado.
Una placa en la pared sirve de testimonio permanente. En la vereda de la sede policial no hay nadie; no hay comité de bienvenida; nadie sale a recibir a los manifestantes; algunos policías miran por las ventanas, hablan entre ellos; increíblemente, se ríen.
Otra parada, un poco más adelante, es frente al CEP N° 4, donde funcionó la Cárcel de Posadas, que también sirvió de mazmorra en la época. Otra vez desfilan en el relato episodios sangrientos y el recuerdo de espeluznantes vejaciones.
Temas como el acuerdo con el FMI por la renegociación de la deuda de U$S 44.500 millones del gobierno de Mauricio Macri, y el conflicto por los salarios docentes en la provincia, que arrastra unos 14 días de paro y movilización, estuvieron presentes en las consignas de la marcha.
Varias veces los parlantes exhortaron al gobierno provincial a avanzar en positivo en la negociación con los gremios que mantienen desde hace una semana el acampe adentro y afuera del edificio del Consejo General de Educación (CGE).