A 30 años de la mayor catástrofe vial de la historia argentina en Santo Tomé
El 9 de enero 1993, hace 30 años, ocurrió una triple colisión de ómnibus en la localidad de Santo Tomé. El hecho tuvo lugar sobre la ruta nacional 14, a la altura del paraje Camba-í, en Corrientes.
El siniestro se dio entre un micro de la empresa Lorecar, que se dirigía desde Buenos Aires hacia Posadas, que embistió frontalmente a otro de la firma paraguaya Defensores del Chaco, al intentar pasar a un tercer rodado, perteneciente a la misionera Horitur.
El catastrófico choque provocó la muerte de entre 56 y 60 personas y heridas a más de 85, convirtiéndolo en el peor desastre carretero en la historia del país.
Horitur iba delante de Lorecar. Este último intentó superarlo, y se puso en paralelo a él en el carril de la mano contraria. El colectivero de Horitur advirtió mala la maniobra y además vio el ómnibus de la empresa Defensores del Chaco marchaba en dirección contraria en el carril correspondiente, motivo por el que habría realizado luces a Lorecar para que no continuara.
En circunstancias que el chofer de Lorecar percibió el peligro, iba muy rápido y ya era tarde, intentó regresar a su carril y embistió a Horitur a raíz de lo cual se partió por la mitad.
El micro paraguayo intentó una desesperada maniobra para salvarse de la colisión, pero no lo pudo evitar, quedó metros más adelante con las ruedas para arriba. Al mismo tiempo el micro de Lorecar entraba en combustión y se prendía fuego.
De Lorecar se salvaron tres pasajeros de más de 50. La cantidad de muertos en los otros es desconocida al no haber listas de pasajeros. La identificación de los cadáveres fue muy lenta por las graves mutilaciones sufridas por los mismos.
Los trabajos de socorro fueron lentos por la precariedad de medios, los pobladores que tenían transporte se ofrecieron para actuar de ambulancias, mientras muchos intentaban dar una mano en la zona del desastre en Santo Tomé.
También hubo problemas para atender la gran cantidad de heridos (más de 80), por ese motivo se tuvo que reabrir un hospital cerrado (Policlínico Ferroviario) y hasta se utilizaron las cámaras de frío de un frigorífico del lugar para almacenar los cadáveres.