El “Milagro de Empel”, los orígenes del 8 de diciembre
Hace 438 años, el 8 de diciembre de 1585, se producía el episodio conocido como “Milagro de Empel”, que poco más de medio siglo después, en 1644, España convirtió en festividad en honor de la Inmaculada Concepción, y en el siglo XIX el Papa Pío XI universalizó como Día de la Virgen.
Sucedió durante la Guerra de los 80 años, una de las mayores pesadillas del imperio español y también un acontecimiento histórico determinante en la configuración de Europa y, especialmente, la influencia de España.
La guerra interminable
Flandes, Países Bajos, diciembre de 1585. Tres "tercios" de infantería española, aislados y cercados por la flota holandesa, en el punto más alto de la isla de Bommel, el monte de Empel, escapan de la muerte de un modo tal que la España católica de Felipe II no duda en calificar el hecho de “milagro”.
Habían transcurrido ya 17 años de una guerra, que como muchas de las que conoció el viejo continente en los siglos XVI y XVII, encontró sus razones en la religión y la política, y restaban todavía más de seis décadas para el desenlace.
En Flandes se enfrentaron Felipe II, proclamado “defensor del catolicismo” por el Concilio de Trento, y la corriente protestante que tenía en los Países Bajos una decidida influencia, y que sirvió de paraguas de su futura independencia.
Lo sucedido en Empel es uno más de los sangrientos episodios de aquella larga y extenuante guerra, y sus héroes españoles fueron parte de las legiones de hombres que Felipe II envió para sofocar el fuego de una rebelión que nunca pudo apagar.
El asedio
Con la misión de auxiliar a la población católica, un contingente de unos 4.000 españoles, divididos en unidades llamadas “tercios”, cruza el río Mosa y se instala en Bommel, una isla con forma de caballo, de 25 kilómetros de largo y 9 kilómetros de ancho, apenas una lengua de tierra en un estuario convertido en polvorín.
En la actualidad, el lugar es un apacible pueblo de la Holanda meridional, de alrededor de 1.690 habitantes, y apenas guarda memoria del episodio transformado en una epopeya española.
Creados durante el reinado de los Habsburgo, los “tercios” constituyeron la élite de los ejércitos españoles entre los siglos XVI y XVII, y fueron la primera fuerza en combinar en una misma unidad armas blancas y de fuego, lo que las hacía prácticamente invencibles y terminó alimentando la leyenda.
Enterados de la llegada de los españoles, los holandeses, comandados por el general Philips van Hohenlohe, conde de Holac, movilizan una gran armada para asegurar el asedio y forzar la derrota de las fuerzas comandadas por el capitán Francisco de Bobadilla.
Los planes holandeses consistían en inundar la isla destruyendo los diques sobre el Mosa, y así acorralar a los españoles, que viéndose rodeados por el enemigo y amenazados por la fuerza del agua que empezaba a subir, buscan el punto más alto de la isla, el monte de Empel, y se preparan para resistir.
Al amanecer del 8, los españoles, imbuidos todavía por el sortilegio del hallazgo, marchan sobre las aguas congeladas y atacan por sorpresa a la escuadra enemiga, logrando tal hazaña que el comandante holandés, el conde de Holac, pronuncia una frase que queda para la posteridad: “Tal parece que Dios es español al obrar, para mí, tan grande milagro”.