Margarita Belén, 45 años: cartas de un fusilado
Luis Arturo Franzen es uno de los cuatro jóvenes militantes peronistas misioneros fusilados en lo que se conoce como la Masacre de Margarita Belén, el 13 de diciembre de 1976, hace 45 años.
A fines de 1975, Arturo vivía clandestinamente en Posadas. Estaba siendo buscado por las fuerzas represivas de aquellos meses anteriores al golpe, junto a los otros jóvenes que caerían con él, todos de 24 años: Manuel Parodi Ocampo, estudiante de Filosofía; Carlos Duarte, estudiante de Ciencias Económicas; y Carlos Enrique Tereszecuk, presidente del Centro de Estudiantes de la Facultad de Humanidades.
Hasta su secuestro en Resistencia, Chaco, en mayo de 1976, Arturo envió a casa cuatro cartas. Son escritos de puño y letra, en hojas de cuaderno escolar de la época, que atravesaron un largo pasamanos antes de llegar a destino, y que sobrevivieron los peores años envueltas en bolsitas de nylon, escondidas entre las macetas del jardín, destinadas a convertirse en documentos.
En los trazos, se adivina la ansiedad por no perder los vínculos; Arturo se esfuerza por tranquilizar a la familia y, sobre todo, mantener viva la esperanza.
La última Navidad
Su hermana Graciela Franzen, ex presa política, tenía 21 años cuando los acontecimientos comenzaron a precipitarse en la casa de la calle Sargento Brítez, en Posadas, donde la familia presentía el peligro por venir.
La vivienda, que se distingue por su amplio jardín y por el dibujo de una bicicleta en la pared del garage, y donde Franzen repasó la correspondencia de su hermano con La Voz de Misiones, fue allanada dos veces en busca de Arturo.
La primera carta está fechada el 23 de diciembre de 1975, cuatro días después del primer allanamiento. En el escrito, Arturo hace referencia a la irrupción policial en la casa de la familia, se lamenta no haberlos prevenido a tiempo
Para Graciela Franzen, es la más triste de todas.
“Esta Navidad es la más triste y la más pobre de felicidad que pasó yo”, comienza la carta, la primera de cuatro siempre dirigidas a sus “queridos viejos”. Arturo, describe la desolación de no poder compartir la mesa familiar, y previene a todos del incremento de la represión y la necesidad de protegerse.
“Estos son momentos muy difíciles para quienes luchamos por la liberación de nuestra patria, y el enemigo sabe que nuestra victoria es el fin de sus privilegios...”, escribe.
En Posadas, Arturo debió deambular por casas de compañeros y familiares lejanos. En la última de ellas, en inmediaciones del club Itapúa, compartió el escondite con otro de los dirigentes más buscados de la época: el diputado provincial Juan Figueredo, que un año después sería secuestrado en Campo Viera, y hasta hoy se encuentra desaparecido.