Omar Silva, de la pérdida de su esposa, al renacer con música y amigos
El profesor Omar Silva tiene 58 años, 28 de los cuales los vivió junto a Elvira Lansse, su esposa desde la juventud, pero un día ella se fue, producto de un cáncer repentino, y, con ella, su vida también se apagó y ese maldito enemigo que muchos subestiman, llamado depresión, se hizo presente. Los años de oscuridad se extendieron, pero las luces un día volvieron a encenderse. Hoy, en diálogo con La Voz de Misiones, cuenta su proceso de resiliencia, de la tristeza y la bronca, a un renacer gracias a su hija, la música y a los amigos.
Pedro Jorge Omar Silva es de Aristóbulo del Valle y lleva más de 30 años como docente en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Misiones (Unam). Es profesor y Licenciado en Letras, con una maestría en Semiótica Discursiva y un doctorado en Ciencias Sociales. Una vida entera dedicada a la poseía, a la lectura y a la transmisión de conocimientos. Una vida que repentinamente un día se interrumpió.
“Todo lo que soy, lo soy gracias a mi señora, que era mi sostén, mi pilar”, graficó Omar Silva sobre su relación con Elvira Lansse, a quien conoció a los 21 años y con quien convivió durante 28 años.
La relación de ambos comenzó en el barrio Villa Cabello, pero se profundizó en la Facultad de Humanidades, ya que Lansse estudiaba la carrera de Licenciatura en Turismo. Posteriormente se casaron y juntos construyeron una vida entera, pero todo cambió tras un simple dolor de cabeza.
“Un día ella sintió un dolor de cabeza, se fue a hacer estudios de control y le detectaron un glioblastoma en la base del cráneo. Ahí comenzó un verdadero infierno para nosotros”, recordó Silva a LVM desde el escritorio de su casa, rodeado por una gran biblioteca, de viejas máquinas de escribir, de radios antiguas y fotos de su familia.
La enfermedad no solo irrumpió en la vida de ambos, sino que también la interrumpió por completo. En total fueron tres años de tratamiento con quimioterapia, radioterapia y cirugías de apertura de cráneo.
“Tres veces tuvieron que operarla utilizando una amoladora programada con un chip para que se detenga al tocar partes blandas. Fueron todas cirugías paliativas, porque el desenlace estaba escrito. Fue muy destructivo, muy doloroso todo. Yo sentía impotencia, tenía bronca. No podía entender por qué nos tocaba atravesar esto”, continuó.
Toda esa etapa fue muy dura. Silva dejó de trabajar para dedicarse al cuidado de su esposa. Su hija era pequeña, su hermano más cercano también estaba enfermo y tanto sus padres como sus suegros eran de avanzada de edad.