Pareja de policías que perdió a su beba abrió 23 merenderos en su honor
Hace cinco años, la cabo primero de la Policía de Misiones, Cristina Verón, y su esposo Matías Benítez, oficial ayudante de la misma fuerza, perdieron a su bebé Lina, de siete meses, quien contrajo un virus respiratorio.
A raíz de la partida de la pequeña, la pareja de policías encontró consuelo brindando una merienda y realizando actividades recreativas con niños de escasos recursos de diferentes barrios de Posadas.
Fue así que el matrimonio creó 23 merenderos con el nombre de su hija fallecida, Lina.
"Como policías recorremos diferentes barrios. En ese entonces, veíamos las necesidades de la gente", contó Cristina Verón a La Voz de Misiones.
En esa línea, la posadeña relató que cuando trabajaba en "la Comisaría de la Mujer de Itaembé Miní hablaba con mujeres víctimas de violencia, que eran de muy pocos recursos, y me acercaba hasta sus casas a hablar con ellas y les proponía crear un merendero".
De esta manera, Cristina fue tendiendo redes para ayudar en las barriadas de la capital provincial: "Lo hacía con mi marido o a veces sola, cuando salía de la guardia, compraba tres cajas de leche, azúcar, hacíamos un fuego y repartíamos por las casas, así fuimos a un barrio, a otro y crecimos un montón".
La uniformada sostuvo que la actividad la llevan a cabo con fondos propios y, en ocasiones, con colaboración del Sub Jefe de la Policía, Víctor Eduardo Maj.
"Cuando podemos hacer fiestitas, regalamos cosas, por ahí se acercan la banda de música de la fuerza, los bomberos que hacen exhibiciones, hay chicos que por ahí no conocen estas cosas y se entretiene", comentó Cristina.
Además, la mujer contó que, junto a su esposo, sabían que, si su hija sobrevivía, debería usar un tubo de oxígeno de por vida. Fue así que, tras su fallecimiento, decidieron invertir el costo que en la actualidad tendrían que pagar por ello en comprar insumos para los merenderos.
Si bien el objetivo del matrimonio es que los niños tengan una taza de leche por la tarde, también se organizan con diferentes vecinas y vecinos de cada barrio para dar clases de apoyo a los pequeños que están atrasados en la escuela.
Sobre la actividad solidaria que realiza, la mujer expresó: "Yo tengo tres varones, pero con mi esposo buscamos mucho la nena, estábamos ilusionados y al poco tiempo, lamentablemente, Dios la llevó. Ahora Lina está en un lugar mejor".
Y continuó: "Para nosotros es como que ella está en todos los lugares, en cada niño que ayudamos, no sé cómo explicarlo, convertí el dolor en una especie de alegría ayudando al otro".
Cristina sostuvo que en estos años tocó muchas puertas para recibir colaboración y poder darle un poquito más a cada pequeño que ayuda, sin respuesta alguna.
Ante ello, la cabo primero acude a la solidaridad de los misioneros u organismos que quieran sumarse donando "lo que puedan" a la actividad solidaria que lleva adelante con su pareja.