Lava del volcán Cumbre Vieja sigue devorando todo a su paso
El colapso de la torre de la iglesia de San Pío X, en Todoque, el domingo, tragada por la lava del volcán Cumbre Vieja, en la isla de Palma, en las Islas Canarias, fue el punto culminante de la tragedia que vive el archipiélago español desde hace más de una semana.
El magma avanza imparable desde hace varios días. Ya se ha devorado prácticamente todo el pueblo, donde la gente casi no ha podido rescatar absolutamente nada.
La lengua de fuego
Unas 500 construcciones fueron sepultadas por la lava que baja de la montaña sobre Todoque, un pueblo de casas bajas sobre laderas que descienden hacia el mar.
Las imágenes de TV Canaria son realmente impresionantes. El volcán sigue escupiendo fuego, luego de haber dejado sin hogar a centenares de personas.
Jocelyn, Henry, María Ángeles, María Angustias y Moritz, residentes en el pueblo, relataron al diario El País cómo vivieron la erupción, y los momentos en que debieron abandonar sus casas.
“De repente se escucha un sonido, como un cañón, y todo el suelo así vibrando”, describió el adolescente Moritz.
“Había habido temblores toda la mañana, y el día antes también”, recordó María Ángeles.
“Mi hijo pequeño dio un salto, se subió al techo, y solo gritó una palabra: ¡El volcán!”, contó Henry, un residente alemán de la isla.
“Yo lo único que pude hacer es salir corriendo y gritarles a los vecinos que había explotado y salieran”, dijo Jocelyn.
“Mi hija pequeña que tiene 9 años se puso a gritar: ¡vamos a morir, vamos a morir!”, agregó Henry.
“Salimos corriendo todos los vecinos, aquello parecía una procesión”, describió María Ángeles la escena del desesperado éxodo.
Los testimonios van del asombro inicial por la erupción, un evento que nadie esperaba en unas islas de naturaleza volcánica, donde todo el mundo aprende a convivir con la amenaza como si no existiera, hasta los dramáticos momentos de la huida.
El milagro imposible
La iglesia de Todoque se había convertido en un símbolo de resistencia. Hubo desesperados intentos por salvarla, pero ningún obstáculo, de los varios que ensayaron los bomberos y las brigadas de voluntarios, pudieron detener lo inevitable.
“No hubo milagro”, titularon los medios españoles. El párroco Alberto Hernández, relató al diario ABC los esfuerzos para salvar las tallas, misales, y crucifijos del interior del templo.
El sacerdote contó que hasta el domingo a media tarde, el pueblo entero aguantaba la respiración a medida que el muro de fuego avanzaba en dirección a la iglesia. “La imagen nos sorprendió todos”, dijo el cura.