El Cantón sitiado: Milei prepara un cerco judicial a la economía de Misiones
Por Fernando Oz
@F_ortegazabala
Javier Milei habla de eficiencia, pero ejecuta desigualdad; promete libertad, pero refuerza la dependencia. El viejo cuento, solo que ahora en streaming y con memes. Sus decretos, proclamados entre gritos libertarios y citas económicas de ocasión, no son más que ecos de recetas conocidas: recentralización fiscal, ajuste desproporcionado a provincias y una visión unitaria disfrazada de modernización. Las transferencias se achican, las obras públicas se congelan, y a las provincias solo les queda mirar hacia el Obelisco como quien observa el oro en el Banco Central sabiendo que nunca lo verá en su plaza.
¿Cuánto vale la independencia cuando el centro devora? Nuestro Cantón, como tantas otras provincias, ha aprendido a sobrevivir a fuerza de ingenio y testarudez. No es romanticismo barato: es la convicción de que ningún plan nacional hará llover dólares donde solo crecen deudas. Apostar por una autonomía económica no es separatismo, sino autodefensa. Es la reacción natural de quien ha visto pasar presidentes y ministros, todos con la misma promesa de integración y el mismo resultado de marginación.
Comparado con otras provincias, el Cantón ha mostrado una resiliencia admirable. No es casualidad, es supervivencia. Mientras la Casa Rosada presume de eficiencia, en el Cantón pagamos el costo real de un país federal solo en los papeles. Cada peso invertido acá rinde el doble, porque está blindado contra la entropía de los ministerios porteños.
La Renovación y la aceleración de los tiempos
El Cantón, que sufre las consecuencias de un gobierno nacional que confunde microeconomía con cartas astrales, tendrá un año cargado de transformaciones, reacomodamientos y traiciones. Después de veintidós años, el poder provincial podría perder el statu quo, lo que sabotearía la idea de una provincia económicamente más independiente frente a los antojos del egoísta y arcaico centralismo porteño, hoy más voraz que nunca.
El Frente Renovador de la Concordia, la fuerza política que con aciertos y desaciertos gobierna la provincia, quedó atrapado en el espiral de la aceleración de los tiempos. Un problema contemporáneo por el que están atravesando gobiernos de todo el mundo, compañías multinacionales y hasta el comerciante de un cantón incrustado entre tres Estados, cuyos centros de poder están demasiado alejados como para interesarse en su economía doméstica. Todos enfrentarán .
La crisis, esa bestia que galopa sin freno, es también una oportunidad: la de , capaz de resistir los embates de la deuda y la indiferencia. Porque, en última instancia, solo las provincias que se animen a romper el hechizo centralista podrán mirar al futuro sin miedo ni vergüenza. El tiempo se acelera y, con él, la necesidad de respuestas locales.