El federalismo y la fiebre Argentum
Por: Fernando Oz
@F_ortegazabala
Ustedes disculparán, pero cada vez que dos o más gobernadores izan las banderas del federalismo me asalta cierta incredulidad. Es que basta con verlo por el espejo retrovisor del tiempo y ya me dirán qué opinan. Me sucedió esta semana cuando leí en los portales de noticias que los mandatarios de Córdoba, Santa Fe, Chubut, Jujuy y Santa Cruz abrieron al resto de sus colegas la puerta de un frente electoral de espíritu federal como una alternativa a la polarización entre el oficialismo libertario y el peronismo.
No es la primera vez que surgen iniciativas de este tipo, casi siempre impulsadas por los cordobeses y los santafecinos. El problema de fondo, también lo sabemos, no es ideológico ni partidario, sino de caja, y cuanto más nos acercamos al puerto de Buenos Aires la tentación por la plata crece. Así lo supieron los Llaryora y Pullaro de ayer, los que traicionaron a sus colegas contemporáneos cada vez que tuvieron oportunidad.
El lobby porteño siempre se las ingenió para sabotear el federalismo de este bendito país. Comenzaron birlando parte de los impuestos de la corona del reino de España, hasta que decidieron que era mejor no envirar nada, luego llegó la independencia y fueron por las riquezas de las provincias. Es que se habían quedado sin el comercio de la plata altoperuana, el tabaco y la yerba de Paraguay y los cueros de Uruguay, pero conservaban la formidable aduana, donde germinó la fiebre Argentum.
Pese al poder territorial, en términos de metro cuadrado y recursos, las provincias siempre terminaron tranzando con el puerto del Río de la Plata. Fue la alianza de las provincias en el Congreso lo que permitió la creación de la figura de presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y designaron a Bernardino Rivadavia, que acababa de llegar de hacer negocios por Europa, para ocupar el cargo. Rivadavia era un porteño de la clase alta de la época, integrante del círculo de los comerciantes y hacendados que sumaban nuevos negocios derivados de sus tradicionales exportaciones.
Después vino otro porteño para que administre el asunto entre el puerto y las provincias, Vicente López y Planes, poeta, creador del Himno Nacional Argentino y conocido abogado entre contrabandistas con patente de aduana, cuatreros reconvertidos en señores de la guerra y comerciantes ingleses de ultramar que se casaban con criollas para hacerse de tierras.
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