El maestro que quiere un pacto por la educación
Por: Fernando Oz
Los otros días me crucé de casualidad con una fuente del ámbito educativo que no veía desde hace diez años, aunque solemos estar comunicados por WhatsApp. Fue en la fila hacia una de las cajas del California de la calle Santiago del Estero. Hablamos un rato y nos fuimos por un café al bar del Cali. Hombre culto del norte de la provincia, una treintena de años en la docencia, por lo menos la mitad como maestro rural. Desistió de apuntar a un cargo directivo el día que perdió una interna gremial y se puso de punta al jetón del intendente del momento. Ahora tiene un solo grado por la mañana y por la tarde atiende una librería. Peronista, hincha de Boca. Dos hijos jóvenes estudiando en la universidad pública y una esposa profesora de historia en una escuela secundaria, también estatal.
La cuestión es que me contaba los problemas administrativos y contables en el Ministerio de Educación del Cantón, ni qué decir de los desmanejos en el Consejo de Educación con acomodos, hostigamiento laboral y curros con cooperadoras. Miren, conozco a este tipo hace una veintena de años, además no tengo porqué no creerle, es mi amigo. Sí, lo sé, en el párrafo anterior había dicho que era una “fuente”, pero suelo caer en uno de los peores pecados del periodista: terminar convirtiéndose en amigo de una fuente. Así, coleccioné amigos de todo tipo de color y calaña.
Pero volvamos al camino. Durante la charla en el Cali, el maestro también me contó que plata hay y que Carlos Rovira viene poniendo mucha guita en Educación. El problema es que siempre aparece algún cardumen de inútiles que la administra mal o se la afana. También hay factores exógenos, como cuando pasa el devorador Estado Nacional con más hambre de lo habitual y se come la mayor tajada de nuestros impuestos.
Mi amigo, el maestro desencantado de una clase dirigencial mediocre, decía que la estrategia de la renovación siempre fue sostener y fortalecer la educación y la cultura en Misiones, y que eso se lo evidencia, aún más, cuando se observa el contexto nacional.
Contaba, que un reciente informe del Observatorio de Argentinos por la Educación reveló que, entre 2004 y 2021, la mitad de las provincias argentinas redujo la proporción de su presupuesto destinada a educación, encendiendo alarmas sobre el futuro del país. Mientras la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Mendoza lideraron ese ajuste (con caídas de 8,8 y 7,3 puntos porcentuales, respectivamente), , situándose junto a Catamarca entre las que más esfuerzo fiscal realizaron en el sector. Este dato no es menor si consideramos que el 75% del financiamiento educativo depende de los gobiernos provinciales y que la ley nacional fija como meta, aún lejana, el 6% del PBI para educación. Además, el informe señala que el 78% del presupuesto educativo se destina a salarios, mientras que la inversión en infraestructura sigue siendo marginal, .
Por eso, hoy más que nunca, el reclamo por un mayor presupuesto para educación y cultura debe ser un grito colectivo, un pacto ciudadano. Nos jugamos en ello la posibilidad de construir una Argentina más justa, diversa y libre. Eduquemos como si el destino de toda la nación dependiera de eso. Porque depende, efectivamente, de eso y mis amigos lo saben.